«Sus armarios vacíos… fueron saqueados por hombres de nuestro tiempo». Paulo Orosio, acerca de la antigua Biblioteca de Alejandría.

Hablar de educación es hablar del futuro de la humanidad, del destino de la misma, de su expansión cualitativa y de sueños y aspiraciones latentes en todos los individuos, fruto de una tendencia evolutiva universal. Al menos, observando el microcosmos y el macrocosmos, así parece.

Sin educación, sin cultura, el hombre es un simple animal. Un “mono desnudo”, como lo describió Desmond Morris hace algunas decádas. No obstante en cada cultura, en cada etnia, el hombre es colocado al lado de otras criaturas dentro de un orden cósmico, como parte significativa de ese orden cósmico, apenas subordinado a los dioses, y en un devenir reglado, formado por periodos cíclicos de caos y orden, reflejo inconsciente de la innegable realidad de nuestra mortalidad y de nuestro carácter pasajero, que paradójicamente se inician con nuestro nacimiento, dramas de nacimiento-muerte que se repiten a través de las generaciones.

A través de la educación, al hombre se le brindan los instrumentos culturales que le dan la oportunidad -si sabe aprovecharlos- de trascender, de dejar una pequeña huella, una marca, en la historia de los hombres.

Parece que los ciclos históricos arrastran a los individuos, más que al revés, pero la forma concreta que adopta nuestra historia, se debe al carácter de hombres siempre particulares, siempre específicos. Por ello recordamos a los hombres que figuraron bajo la luz de los reflectores de la historia. Los cronistas realzan los rostros y las palabras de esos hombres sobre los cuales se levanta sin dudas la civilización moderna.

Y siempre está detrás de esas figuras el pueblo anónimo, el pueblo cuyo destino es la fosa común, y esa otra enorme fosa común de los panteones, donde al paso de los años los monumentos mortuorios desaparecen entre la vegetación, erosionados nombres y fechas por el paso de las estaciones, bajo el sol y el frío. Finalmente, las familias de los fallecidos, olvidando a aquellos que les dieron origen, siguen derroteros desconocidos sobre insondables abismos de olvido.

Durante siglos, sin escuelas, sin maestros, los hombres se hicieron hombres y las mujeres tales, con poco más que piedras, palos, un fuego encendido y ancianos dirigiéndoles la palabra. Así fueron hombres y mujeres, no menos sabios, no menos dignos. Otros, modelando su carácter y sus destrezas en actividades prácticas de caza y labranza, inmersos en la naturaleza, desde los hielos polares hasta las selvas amazónicas hoy amenazadas con su desaparición. La transmisión de conocimientos, habilidades, lenguaje, y todos los instrumentos para la trascendencia ha sido consustancial a la vida humana.

Habrían de surgir y caer imperios, para que se constituyera la noción de una educación de carácter universal para todos. Durante muchos siglos, los más preciados frutos del conocimiento estuvieron al alcance de unos pocos. Durante mucho tiempo se persiguió y asesinó, acusados de herejes, a quienes descubrían ese conocimiento totalizador para otros o para sí mismos. A Sócrates lo envenenaron; a Giordano Bruno lo condenaron a morir, en medio de inenarrables dolores en una pira de fuego.

Las semillas del conocimiento, la lectura y la escritura liberadoras, la filosofía, la ciencia, la astronomía, las matemáticas, el derecho, han tratado de ser destruidas mil veces. La biblioteca de Alejandría, en la antigüedad, fue saqueada, quemada y finalmente destruida bajo la autoridad de califas y emperadores.

Fueron esclavos ilustrados o descendientes de esclavos ilustrados, que pudieron forjarse una identidad y una cultura gracias al estudio, quienes iniciaron y continuaron movimientos de emancipación y eso, en algunos países como Estados Unidos, ocurrió apenas, no tiene ni dos siglos. Cuando Abraham Lincoln proclamó la emancipación de la esclavitud, en 1864, se calcula que había cuatro millones de esclavos en ese país cristiano protestante. Aún hay esclavitud en nuestros días.

Tras los movimientos sociales en América Latina, tras las guerras de independencia y de revolución, miles de maestros murieron asesinados por los elementos más oscuros y represivos que veían desmoronarse sus privilegios al amparo del dominio intelectual de la Iglesia.

En nuestro país la educación ha enfrentado en diversos momentos ataques procedentes de las fuerzas más regresivas, autoritarias y conservadoras del país.

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A ese respecto una entrada de la Wikipedia informa:

“Ataques de los cristeros en contra de los maestros rurales

Durante el gobierno de Lázaro Cárdenas (1934–40). El congreso realizó modificaciones al artículo 3 de la Constitución Mexicana en octubre de 1934 para incluir el siguiente texto introductorio,21 “Artículo 3o. “La educación será socialista Y además de excluir toda doctrina religiosa combatirá el fanatismo y los prejuicios, para lo cual la escuela organizará sus enseñanzas y actividades en forma que permita crear en la juventud un concepto racional y exacto del universo y de la vida social.

“La promoción de la llamada “educación socialista” encontró una fuerte oposición entre algunas partes de la academia.22

“Muchos cristeros se levantaron en armas nuevamente, seguidos de otros católicos, pero durante este periodo maestros desarmados se encontraron entre los principales blancos de las atrocidades asociadas con los cristeros durante este periodo. 23 24 25 26

“Los maestros rurales no participaron en el conflicto armado,27 pero algunos no aceptaron dejar sus escuelas y comunidades, y a muchos se les cortaron las orejas como resultado.28 29 30 31 a dichos maestros se les conoce como “maestros desorejados”.32 33

“En los peores casos, los maestros fueron torturados y asesinados por los cristeros.23 25 Se ha calculado que al menos 300 maestros fueron asesinados entre los años 1935 y 1939,34 incluyendo el asesinato de Carlos Sayago, Carlos Pastraña, y Librado Labastida en Teziutlán, Puebla;35 36 la ejecución del maestro, Carlos Toledano, quien fue quemado vivo en Tlapacoyan, Veracruz;37 38 y el linchamiento de al menos 42 maestros en el estado de Michoacán:.25 Asimismo puede citarse el caso de la maestra María Rodríguez Murillo, quien fuera ultrajada y muerta por un grupo de cristeros.39

Por lo anterior, vale tener esperanza de que el conflicto magisterial que se ha agudizado en los últimos años en México, a raíz de la imposición beligerante de una legislación amañada y apresurada, que pasó por alto el consultar a aquéllos que serían responsables de su vigencia -los maestros de México-, se encontrarán los mecanismos para hacer posible que la educación en nuestro país se encamine hacia una nueva etapa.

Estudios internacionales revelan algunas lecciones que sería importante tomar en cuenta en el caso de México.

  1. Lo más importante para cualquier país, incluso más que la economía, es la educación. La mitad del crecimiento económico en países desarrollados, durante la década pasada, fue fruto de una mejora en las habilidades de la población.
  2. Cada vez es más claro que la lectura, la escritura y el conocimiento básico de las matemáticas, no son suficientes. Se acentúa la necesidad de desarrollar habilidades no-cognitivas para enfrentar el siglo XXI. Estas habilidades tan importantes se relacionan con el desarrollo de interacciones sociales.
  3. Debemos asegurarnos de que estas habilidades se desarrollen temprano, desde la infancia, lo cual es más efectivo que el tratar de mejorar el desempeño de la gente adulta que se ha alejado de toda forma de interacción con las escuelas. Pero aún cuando la educación primaria sea de la más elevada calidad, las habilidades sociales declinan a lo largo de la vida adulta, si no se emplean regularmente.
  4. El aprendizaje a lo largo de toda la vida, la lectura en casa y el uso de matemáticas en los empleos, ayudan a reducir el declive de las habilidades relacionado con el envejecimiento, principalmente por parte de aquellos que han desarrollado efectivamente sus habilidades. La enseñanza a adultos, no suple ni repara lo que se deriva de un sistema escolar público deficiente.
  5. La tecnología puede ayudar a brindar nuevos derroteros para la educación de adultos, pero no es una panacea. Hay poca evidencia de que, por sí sola, la tecnología ayude a los individuos a desarrollar nuevas habilidades.
  6. Los países en desarrollo deben enseñar las habilidades básicas (leer, escribir, hacer operaciones matemáticas) de manera más efectiva, antes de intentar considerar el desarrollo de las habilidades más amplias. No tiene caso en invertir en pedagogías y tecnologías para desarrollar las habilidades del siglo XXI, cuando las alfabetizaciones elementales ni siquiera están consolidadas.

Aún cuando pueden encontrarse puntos discutibles en estas “lecciones” sobre la educación a nivel mundial, de acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), podemos observar  y coincidir en que el número de tareas pendientes en términos de políticas públicas, de acciones consensuadas y colectivas, que involucren a la totalidad de los sectores sociales en el ámbito de la educación, es creciente.

Documentos y enlaces:

 

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