Dos nuevos proyectos de DI

Diseminación de información es una tarea casi olvidada de las bibliotecas. Eso o diseminación selectiva de información, cuando se atiende una audiencia específica o una comunidad específica de lectores.

A partir de junio hemos iniciado dos nuevos proyectos humildes, sin más recursos que el buen ánimo y la voluntad de no permanecer indiferentes ante lo que ocurre: Colección Sustentable, que ha sido justificado, en su momento, ante una comunidad de pares críticos y Prisma Informacional, un nuevo blog que pretende captar el interés de muchos lectores.

Dada la naturaleza de los ciclos de la información en nuestro tiempo, que dan lugar a la llamada infoxicación -estado de confusión, aburrimiento o hartazgo, de malestar e incluso convertida en parálisis vital, provocada por el exceso de información que recibe una persona-, urge encontrar alternativas, urge pensar en alguna intervención correctora.

Desconectarse, podría ser la solución para volver a ver, para volver a escuchar, para volver a sentir: desconectarse al menos un rato para volver a apreciar la vida.

En las bibliotecas se piensa en formas de intervenir en esta sociedad de la información enferma, que procuren dar información de la mejor calidad, ofreciendo contenidos que se enriquezcan continuamente frente a los acontecimientos, proveer de ideas y reflexiones que rompan la coraza de hielo sobre el alma.

Esta cubierta gélida, inamovible en sus prejuicios, deshumanizante por sus resultados en lo invidual y colectivo, que la modernidad, con su acendrado culto al ego, ha construido dentro de cada individuo, sin embargo, no es inquebrantable.

La modernidad impone por doquier una forma de vida violenta, inconsciente, veloz, excluyente y proclive por ende a todas las formas de adicción posibles: la repetición encanta y el ansia de gratificación inmediata es la puerta abierta en cada individuo a la acción de los distintos cárteles: de las telecomunicaciones, con su oferta aparentemente ilimitada de ancho de banda, de los gadgets tecnológicos, con su oferta, que raya ocasionalmente en lo ridículo, de megapixeles de resolución y gigabytes de memoria, de las drogas farmacoquímicas con efecto duradero, cuasi-orgásmico; los consorcios inmobiliarios y automotrices constructores de los paraísos superiluminados del consumo, las cápsulas todopoderosas desde las cuales contemplar el ecocidio, ambos construidos y/o lanzados en medio de la naturaleza devastada.

Finalmente, los cárteles del comercio deportivo, que ofrecen canales masivos -hechos espectáculo- para la catarsis de toda la violencia introyectada en los hogares, en las escuelas, en los centros de trabajo, en la lucha comercial o empresarial leal y desleal, cuando no de la violencia a secas que se ejerce en contra de cualquier parte del cuerpo social.

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Foto de los recientes choques en el contexto de la Eurocopa.  (Fuente: República.com)

Los rabiosos hooligans de la Eurocopa, por ejemplo, celebran, entre golpizas a sus “rivales” o”enemigos”.

¿Qué celebran en realidad?

¿A quién creen haber derrotado?

¿En honor a qué son esos himnos?

¿Cuánto han medido o ponderado las autoridades, que el fútbol les beneficia, gracias a esa válvula de escape de la rabia descargada entre ellos mismos, terapia barata, si las hay, para una población mayormente hundida en el analfabetismo psicológico?

¿Calibrarán que les da margen de maniobra un puñado de golpeados o aplastados tras los “encuentros deportivos”, mientras una cofradía de políticos y millonarios recibe los beneficios de esas políticas inhumanas?

¿El fútbol y los zafarranchos de sus hinchadas hiper-violentas, son la cubierta perfecta para medio tapar los actos gubernamentales de latrocinio y de despojo?

¿Quiénes se benefician de la violencia deportiva?

Llegado este punto, en que el conocimiento ha dejado de tener importancia como paso necesario para ir en pos de la sabiduría, y en que la información y el “conocimiento” se han convertido en medios para la instrumentalización del otro, en beneficio de cierto mercado, debemos recordar que las bibliotecas aún conservan las semillas, los granos de polen, que pueden hacer al hombre humano, sin pretender arrancarlo de lo biológico, sino reunificándolo simbólicamente con el medio ambiente, pues en toda biblioteca duerme, lo que pudiera ser un sueño de siglos, un bosque de hojas hechas páginas, inscritas con la tinta-huella de los pensamientos humanos.

Todas estas rumiaciones nos orillan a plantearnos la tarea cotidiana de escribir para los otros sobre aquellos documentos que parecen imperdibles, infaltables, inevitables, para comprender y proseguir a través del mar confuso de nuestro tiempo.

 

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