Reconstruir México desde los cimientos: las bibliotecas, las escuelas y la prensa

El periodista, el bibliotecario, el maestro, apoyados en las bibliotecas universitarias, públicas y escolares -y aún en las bibliotecas personales-, tienen el compromiso sagrado de difundir la información concerniente a los hechos, el pasado, la historia en que están hundidas las raíces del país que llamamos México.

En el ámbito educativo, de la divulgación, de la alfabetización es mucho lo que hay por hacer en nuestro país. No es suficiente con esperar a que la sociedad se autoorganice para cambiar y mejorar, esta debe ser una meta conciente tras la cual se trabaje en la escuela, los medios y la biblioteca, todos los días.

Instalados en pleno siglo veintiuno, podemos ver cómo se desperdicia cada día la juventud, la infancia de este país, debido al influjo de los medios masivos de comunicación faltos de ética y la influencia, no siempre benéfica, de las redes sociales -Facebook, Twitter-, esa tierra de nadie supervigilada por órganos de la potencia mundial: la Agencia Nacional de Seguridad de los Estados Unidos.

Hay que decirlo: las nuevas tecnologías, como las drogas, no son buenas ni malas, depende del modo en que se usen o se abuse de ellas.

Bibliotecarios, comunicadores y docentes en México, parece que hemos optado por mantenernos ignorantes ante la grave crisis de décadas que atraviesa el país… y el precio que estamos pagando por ello es demasiado alto. Demasiado.

Ahí está el caso de la masacre de Ayotzinapa, uno más entre tantos, que se repiten aquí y allá, ya en Chiapas, ya en Veracruz, lo mismo que en Tamaulipas, y luego en Michoacán, Guerrero, Morelos, Chihuahua…

Y aún resiste, el país que ha sido golpeado duramente por los imperios, por sus virreyes, por sus generales tránsfugas erigidos en emperadores, por sus dictadores de raigambre extranjera, por sus cultísimos ladrones de cuello blanco, pasando por las más recientes generaciones de tecnócratas, todos sin excepciones han masacrado por millones a los indígenas, a los nativos de todas las regiones, en el altar de la corrupción y el dinero fácil, han saqueado los recursos naturales: oro, plata, maderas, petróleo, han dividido al país, entregado la mitad del territorio nacional, arrendado una cuarta parte de lo que quedó, abierto las puertas a ejércitos invasores, seguido órdenes de poderes militares extranjeros, dilapidado la riqueza nacional, asediado y masacrado al pueblo de México.

Pero en cada ocasión no han faltado mexicanos con dignidad que incluso han ofrendado su vida para que México sea un país soberano.

Y aquí estamos, en enmedio de este gran mosaico nacional, plagado de dolorosos contrastes: funcionarios que reciben de aguinaldo, lo que reciben como salario decenas de trabajadores en todo un año, grandes empresas que plegando la ley a su favor, evaden el pago de impuestos que son necesarios para la dotación de servicios básicos a millones de personas habitantes de las periferias urbanas: educación, salud, electricidad, agua, alcantarillado.

Sin ciencia, ni tecnología, ampliamente desarrolladas ¿en qué se sustentará el desarrollo de México? ¿en la venta de petróleo, una materia prima por ahora devaluada? ¿en los envíos de dinero de los mexicanos en el extranjero? ¿en los negocios de blindaje de autos para empresarios y funcionarios, en la venta de alarmas y cámaras de vigilancia?

¿Será 2015 peor que 2014? ¿Ayotzinapa es el principio de desapariciones masivas, despoblamiento selectivo de regiones enteras, para que las empresas y capitales extranjeros puedan hacer cómodamente negocios sin protestas?

Si no se reactivan los procesos vecinales y comunitarios de diálogo, si no se aprovechan las fuentes de información que, paciente y concienzudamente durante generaciones se han venido conservando en las bibliotecas, todo el tejido social habrá quedado destruido en muy poco tiempo: se habrá instaurado la ley de la selva… (es lo que parece regir ya).

¿Cuántos mexicanos han muerto en los últimos años, camino a los hospitales, porque no hay clínicas cercanas y porque las vías de comunicación están saturadas? ¿Cuántas mujeres han dado a luz en los patios de las clínicas, porque no hay camas, ni médicos, ni medicinas en los hospitales? ¿Cuántos niños y jóvenes han ido a parar a las redes de la delincuencia organizada, porque no hay dinero en casa para enviarlos a estudiar, o no hay escuela, o no hay maestro, ni libro?

Son incontables las secuelas sociales y humanas, el daño es incalculable, por la codicia de unos pocos empresarios y políticos que han apostado al más sumo egoísmo: primero ellos y sus familias, el resto de los mexicanos somos descartables. La saña de los crímenes de lesa humanidad cometidos en contubernio entre autoridades y delincuentes, es equivalente a la de los seguidores de Adolfo Hitler en la Alemania nazi. No tuvieron ningún respeto por la dignidad humana. En Iguala, a uno de los jóvenes normalistas le vaciaron los ojos, le desprendieron la piel de toda la cara. ¿Qué es eso, qué señal envía a la sociedad toda?

¿Que no somos nadie para ellos, que aunque están frente a nosotros no podemos verlos?

Hace pocos días una noticia curiosa circuló relatando que en Japón a un ladrón que llegó a vaciar el banco, la gente lo obligó a que se formara en la fila. Aquí en México, nuestros ilustres políticos y empresarios de plana de sociales, deberían hacer una fila.

Día tras día, se acumula más y más violencia psicológica contra el pueblo que quiere vivir y trabajar en paz. Hasta podría pensarse en un intento deliberado por provocar una reacción social desesperada y desmedida, una que justifique la puesta en movimiento de armas y regimientos para ocasionar el mayor daño posible para dejar claro “quién manda”: un gobierno entregado a los intereses de poderes fácticos, instituciones castrenses plegadas a una disciplina infame que repudiarían los próceres de esta patria.

La deuda social que han acumulado históricamente los gobiernos de oportunidad, desinteresados de la política social, es inmensa. Prespuestos federales han ido y venido, cruzando manos entre las élites, mientras la sociedad se mantiene con salarios depaurerados y a la baja. Como pocas veces se ha visto, en este final de 2014, el fantasma de la devaluación, más desempleo, más pobreza, más hambre y más violencia recrean el círculo vicioso de la corrupción del régimen neoliberal.

Entre tanto, la élite política guiada por el afán lúbrico de ganancia, se entrega a la dolce vita en visible y escandaloso contubernio con empresas constructoras (HIGA), de telecomunicaciones (TELEVISA), energéticas (IBERDROLA), refresqueras (FEMSA-COCA COLA), informáticas (INTELLEGO), automotrices (BMW), todos son casos más o menos recientes y dolorosos de la corrupción que mantiene encadenado al país.

Por eso es vital que la sociedad se acerque a las bibliotecas, principalmente quienes tienen responsabilidad como agentes del conocimiento: docentes, periodistas, bibliotecarios, comunicadores en general, para que fluya información que permita a los ciudadanos hacer conciencia.

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