Ahora es de todos, su colección es generosa. Mucho erraría quien dijera que no hay libros valiosos en ella. Podemos contribuir a mejorarla, a preservarla y a enriquecerla. Dejemos huella de nuestro paso por la escuela ahí. Quitemos el polvo de los libros, organicemos las diez áreas del conocimiento de la clasificación Decimal Universal. Conozcamos nuestro acervo. Es un gran lugar para leer, para pensar, para escribir. Acabo de ver ahí libros cuyos conocimientos  pueden ayudar a forjar una sociedad, a reconstruir lo que la tiranía del dinero y la avaricia del poder han destruido. Es nuestra modesta biblioteca escolar, pero gritan desde el polvo sobre los libros de los grandes pensadores de la humanidad, a ti que pasas sin muchas ideas por los pasillos de la escuela: “¡Lêenos!”

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