Toda una señal: instalan vergonzosa cerca de púas en el Congreso Estatal de Veracruz

Los políticos de todos los colores parecen perder el piso con suma facilidad, cuando ven en riesgo sus privilegios.

Por autoprotegerse, por hacer un cerco de impunidad a su alrededor, son capaces de mover cielo, mar y tierra.

Y de reprimir, de ocultar la verdad, o de mentir flagrantemente, para que todo siga igual, para que la justicia no actúe en su contra y queden a salvo sus intereses.

Pretenden justificar lo injustificable. La sociedad ya está cansada de ello.

La sociedad está cansada de pagar cada día a lo largo de años, por los errores y vicios de un puñado de personajes que usan con fines patrimonialistas y sumamente egoístas, para beneficio personal y familiar,los poderes Ejecutivo, Legislativo y/o Judicial y sus instituciones y presupuestos; poderes cuya finalidad es -o debería ser-: el bienestar del pueblo, de la sociedad organizada.

El Síndrome Ayotzinapa-Casa Blanca, saca de quicio a Enrique Peña Nieto

Veamos. A nivel federal, ya dijo Enrique Peña Nieto que “hay unos malosos” que “le quieren arruinar” el maravilloso “proyecto” de país: el narcoestado, con su dosis de crímenes diarios, sembrado de fosas clandestinas, de privilegios para unos pocos y de desapariciones forzadas de las que nadie se salva. Pues ese proyecto de estado criminal, les ha resultado bastante exitoso, si vemos las mansiones donde viven, los yates que tienen los potentados y el avión que se compró el propio presidente.

Señala a los provocadores que en diversos medios operan bajo el cobijo y protección del Estado, infiltrados que con sus acciones incitan a la violencia y atraen la represión, pero su molestia más visible es por que se hizo público, gracias al noticiero de Carmen Aristegui y de la revista Proceso, el nivel de dispendio y lujo ofensivo con que viven o pretenden vivir, él y su familia, pero sobre todo en cuanto salió a la luz la evidente connivencia entre autoridad, televisoras y empresas constructoras, cuando el país está de luto por la desaparición de 43 jóvenes estudiantes normalistas de Ayotzinapa.

Ante la evidencia y la confesión de la parte (ayer, Angélica Rivera admitió en un video que “venderá” los derechos del contrato de propiedad de la residencia) todas las supuestas justificaciones esgrimidas para que la sociedad olvide la afrenta, hasta el momento son insuficientes.

Quedó expuesto un entramado de visibles pero vergonzosos favores mutuos, beneficios cruzados o entrecruzados, conveniencias, solapamientos, etcétera, tráfico de intereses, al más alto nivel, lejos de la atención de la gente. Si México fuera una república bananera, se entendería, si viviéramos en la época de amos y esclavos, señores y siervos, pero en México está formándose rápidamente una conciencia de que ese pasado debe quedar atrás, de que debemos nacer como una verdadera nación democrática, justica, fraterna.

Y es que algunos de los peores vicios de la corrupción quedan ilustrados en el caso de esa mansión de primer mundo, de costo multimillonario en dólares, mal llamada “Casa Blanca”, en realidad “casa de la más negra corrupción”, en las Lomas de Chapultepec, mansión que deslumbra por su opulencia y hace un amargo contraste con la inmensa pobreza que priva en el país.

De pronto, cuando en las redes sociales se volvió trending topic la exigencia de su renuncia ante el caso Atyozinapa-Casa Blanca, a Enrique Peña ya no le resulta claro el objetivo de tantas manifestaciones.

Criminalizando la protesta y la indignación ciudadana, el presidente hace ver que criticar el escandaloso tráfico de influencias que ha quedado expuesto, o la pasividad del Ejército en el caso de la desaparición de los estudiantes normalistas en Iguala, o su participación -esa si, indudable- en el caso de los asesinatos de Tlatlaya, que señalar eso y pedir que aparezcan vivos los estudiantes, y que no vuelve a ocurrir jamás algo semejante, que eso es “desestabilizar”.

Pero ¿cómo se va a “desestabilizar” lo que ya de por si, por decádas, ha estado desestabilizado? Pues sólo en un país administrado pésimamente, desestabilizado en todas y cada una de sus instituciones, donde campea la impunidad, pueden ocurrir crímenes como el de Iguala, u operaciones a todas luces corruptas como la de la compra-donación de la Casa Blanca.

Enrique Peña pareció sugerir, en cadena nacional, que “no dudará” en usar toda la fuerza del Estado para que su proyecto prospere… y por el antencedente sangriento de San Salvador Atenco, bien podría cumplirlo: y aumentar el número de fosas clandestinas, las desapariciones y el derramamiento de sangre.

En lugar de admitir que carece de las capacidades intelectuales y políticas, y de los requisitos morales y éticos para gobernar una nación tan grande y compleja como México, sin ofender a la inteligencia ciudadana, y renunciar, quiere regodearse en el poder, simplificando las cosas a través de la violencia verbal, amenazando primero y eliminando después a quienes critican su actuación o a quenes disienten de sus planes y acciones.

La vergonzosa cerca de púas en el Congreso del Estado

Por otro lado, a nivel estatal, alguien decidió que más valía prevenir que lamentar -al parecer, fueron los mismos legisladores, “representantes del pueblo”-, y ya convirtieron impúdicamente el Congreso del Estado, un edificio de arquitectura al menos llamativa, enclavado en un sitio de gran visibilidad para la ciudadanía, dándole el aspecto grosero de un gran búnker, cercado con malla de alambre de púas y navajas, como si fuera el rancho de algún desconfiado terrateniente, la casa de seguridad de algún grupo del crimen organizado o la residencia de algún boyante empresario.

La malla de alambre de púas lo que delata es el tamaño de los temores a la indignación del pueblo, por las tres o cuatro décadas de agravios a la economía familiar, la soberanía alimentaria, el abandono del campo, la migración forzada, el desprecio por los jóvenes, la pauperización del trabajo, la inseguridad y la militarización de la vida ciudadana.

Púas y navajas expuestas a la vista de todos, como si los ciudadanos de la capital veracruzana no constituyeran una sociedad dedicada, trabajadora y hasta tolerante de las arbitrarias decisiones de ese Congreso, que a todos afectan.

La visión de tales “adornos” en la que se ha llamado “Casa del Pueblo”, hace pensar que los diputados ven en éste no una sociedad plural, diversa, informada, inteligente, capaz de exigir pacíficamente orden y justicia, sino a hordas salvajes dispuestas a tomar por asalto, con antorchas, palos y machetes las instalaciones donde los diputados aprueban leyes antipopulares, o dictan elegantes discursos a sus secretarias.

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