México, país de espíritu generoso pero de corta -muy corta- memoria

“Es preciso insistir que los crímenes contra la humanidad en México tiene un largo historial. Y que esos crímenes, en cuyas tramas el Estado es responsable o corresponsable, no han conseguido llevar a la justicia a ningún funcionario de mediano o alto rango. En el orden de prioridades institucionales, la exoneración alevosa del Estado es la primera preocupación.

Por ahora interésanos referir a cinco casos, susceptibles de caer en la categoría de crimen de lesa humanidad, envueltos, como es habitual, en un manto de absoluta impunidad:

1. El incendio en la guardería ABC (2009), que cobró la vida de 49 niños y dejó un saldo de 76 heridos, todos entre 5 meses y 5 años de edad; sigue impune aún cuando las evidencias sugieren que el incendio fue provocado por una orden desde el Palacio de Gobierno de Sonora.

2. La masacre en Torreón (2010), que arrojó un saldo de 18 muertos y 18 heridos; el crimen se le atribuye a reos del Centro de Readaptación Social Gómez Palacio, que se dieron fuga con la venia de las autoridades carcelarias, y abrieron fuego indiscriminadamente en un domicilio donde tenía lugar una fiesta de cumpleaños.

3. Las masacres de San Fernando, Tamaulipas (2010-2011), que suman cerca de 265 muertos, todos hallados en fosas clandestinas; aunque de acuerdo con cifras extraoficiales se estima que la cifra de cadáveres localizados rebasa los 500.

4. La masacre de Durango (2011), cuyos datos todavía son inexactos; se calcula que el número de muertos encontrados en fosas comunes oscila entre 250 y 340.

5. La masacre de Monterrey (2011), que ocurrió en el Casino Royale, y que produjo la muerte de 52 personas, entre ellas una mujer embarazada.

Un crimen de lesa humanidad es una modalidad de crimen que agravia a la humanidad en su conjunto, donde el infractor es un miembro del Estado o cualquier organización política, y el ataque es dirigido directa o indirectamente contra la población civil.

Algo cambió tras la desaparición de los 43 normalistas y los asesinatos colectivos en Tlatlaya e Iguala: la población cobró conciencia que allí donde el Estado dice “crimen organizado” en realidad debe decir “Estado”. Es decir, cuando el acto delictivo se le atribuye a las bandas criminales, el responsable o corresponsable es irrenunciablemente el Estado, y por consiguiente se tratan de crímenes de lesa humanidad. Y no se trata de un hecho extraordinario: los crímenes contra la humanidad son el signo de la normalidad de un narcoestado.”

Arsinoé Orihuela

Tomado de Rebelión.org: El signo de la normalidad de un narcoestado.

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