Tres lecturas que ponen en perspectiva la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa en Iguala, Guerrero

Acapulco: la matanza de copreros

Gerardo Peláez Ramos (Rebelión)

El 20 de agosto de 1967 ocurrieron, en Acapulco, Guerrero, hechos sumamente graves: fueron asesinadas 38 personas, heridas más de 100 y detenidas 226. De esta manera, el gobernador del estado, Raymundo Abarca Alarcón; el líder de la Confederación Nacional Campesina, Amador Hernández, y el presidente de la Unión Regional de Productores de Copra [*] del Estado de Guerrero, Jesús Flores Guerrero, enfrentaban la lucha de los campesinos copreros por la democracia interna en la URPCEG y en contra de un impuesto de 13 centavos el kilo de copra, implantado por la administración abarquista. La matanza estuvo precedida por la detención de líderes cívicos; la eliminación física de José Morales en Zacacoyuca y de Jesús Avilés en Iguala; el asesinato masivo del 18 de mayo en Atoyac de Álvarez, que dio origen a la lucha armada de Lucio Cabañas; el homicidio de 18 campesinos de Tierra Caliente en el mes de julio, y el asesinato el 4 de agosto de Alfredo López Cisneros, alias el Rey Lopitos, famoso dirigente político y de colonos en Acapulco. Dichos acontecimientos aceleraron la radicalización de Genaro Vázquez Rojas, la Asociación Cívica Guerrerense y el Consejo de Autodefensa del Pueblo de Guerrero. El Sur se adentraba en la lucha violenta.
En la masacre intervinieron los más famosos pistoleros de la entidad: Constancio Hernández, El Zanatón; Gregorio Chávez, El Animal; Eduardo Radilla, El Niño, y los hermanos Gonzalo, Demetrio, Luis e Isabel Gallardo Solís, así como la Policía Judicial del Estado. Entre los primeros caídos ese fatídico 20 de agosto, estaban Alberto Béjar González y Félix Hernández, célebres gatilleros veracruzanos al servicio del diputado federal César del Ángel, asesor y organizador de la disidencia de la URPCEG que encabezaba Julio Berdeja Guzmán.

La masacre estuvo precedida por diversas actividades políticas y sociales. La CNC envió a las costas guerrerenses a Rubén Zuno Arce y Guillermo González Martínez para organizar las elecciones en la URPCEG, que se realizaron el 23 de abril de ese año para suceder al presidente de la Unión Regional, Rosendo Ríos Rodríguez. Se inscribieron tres candidaturas: Jesús Flores Guerrero, Julio Berdeja Guzmán y Lucio Ríos Gutiérrez (afamado acaparador de copra), “ganando” el primer candidato con 1,964 votos de un padrón de alrededor de 15 mil socios. El fraude quedó de manifiesto. La inconformidad se hizo presente de inmediato y una franja considerable de la militancia de la organización decidió separarse de la CNC.

Los disidentes recurrieron a la asesoría de César del Ángel, quien recorrió la zona coprera y visitó más de 100 ejidos, los cuales aceptaron celebrar un congreso de la URPCEG para destituir a Jesús Flores Guerrero, elegir una nueva dirección y suspender el impuesto de 13 centavos por kilogramo de copra, para regresar al anterior impuesto de tres centavos.

La agitación creció tanto en la Costa Grande como en la Costa Chica, por lo que el gobernador guerrerense buscó que Amador Hernández controlara y disciplinara a César del Ángel. Tales propósitos fracasaron. Los opositores a Flores Guerrero continuaron con sus medidas para realizar un congreso, y definieron como día de la asamblea el 20 de agosto en el domicilio social de la Unión Regional. Con el apoyo del gobernador, el liderato formal de la URPCEG decidió atrincherarse el mismo día en el local de la organización, hacer acopio de armas de alto poder y concentrar a conocidos asesinos profesionales de la entidad federativa. La provocación estaba plenamente configurada. Todo estaba premeditado.

La ocupación del edificio de la Unión Regional por las tropas federales, tras la masacre, permitió encontrar como arsenal: más de 70 rifles M1 y varios M2; seis escopetas de diversos calibres, 22 pistolas 380 y otras 30 calibre 38 súper, más algunas decenas de ametralladoras tipo Mendoza. De los ocupantes no hubo ningún muerto y ningún herido, todos los caídos y heridos pertenecían a la disidencia. Los jefes oficiales de la URPCEG, Jesús Flores Guerrero, Eligio Serna Maciel, Severiano Ibarra Rivera y Amador Campos, detenidos en el terreno de los hechos, fueron liberados rápidamente. En cambio, se tuvo en prisión más tiempo a los disidentes.

Las acusaciones menudearon entre los líderes oficiales, el gobernador del estado y César del Ángel, pero no se castigó a los responsables de la masacre. El Consejo de Autodefensa del Pueblo de Guerrero, señaló con razón: “El 20 de agosto se escenificó la más descarada y sangrienta agresión a los campesinos productores de copra por parte de la Policía Judicial, grupos de bandoleros y guardias blancas al servicio del gobierno estatal y de los caciques acaparadores de copra. Fue el gobierno de Raymundo Abarca Alarcón y los caciques acaparadores de copra los que premeditadamente prepararon el crimen… El Consejo de Autodefensa se suma al clamor popular y demanda la consignación judicial de Raymundo Abarca Alarcón, Jesús Parra y Marquina [Director de Seguridad del Estado], Jesús Flores Guerrero, Eligio Serna Maciel, Rosendo Ríos, Raúl Fernández y Rigoberto Pano, como principales responsables de la masacre de campesinos”.

La matanza de copreros impulsó algunos procesos en marcha: radicalización de Lucio Cabañas, quien desde la sierra creó un grupo de autodefensa y constituyó poco después el Partido de los Pobres y un movimiento guerrillero con amplia base popular; adopción de la lucha armada como medio de lucha por Genaro Vázquez Rojas y los cívicos, quienes formaron la Asociación Cívica Nacional Revolucionaria y crearon un grupo guerrillero; la descomposición política del cacicazgo guerrerense, y los inicios en el país de la guerra sucia. El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz continuó la represión política en contra de los trabajadores transitorios de Petróleos Mexicanos, las organizaciones estudiantiles de izquierda, el Partido Comunista Mexicano y el movimiento campesino. La derechización fue una realidad.

Nota:
[*] Copra: pulpa seca del coco.

Tomado de: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=188618&titular=acapulco:-la-matanza-de-copreros-


La matanza de Iguala

Gerardo Peláez Ramos (Rebelión)

De la participación electoral de la Asociación Cívica Guerrerense y Genaro Vázquez Rojas poco se ha escrito. Es una laguna que es menester llenar. Tampoco se ha escrito mucho acerca de la matanza del 30 de diciembre de 1962 en Iguala, Guerrero, a diferencia de las masacres de Chilpancingo, Atoyac, Acapulco (copreros), Aguas Blancas y El Charco, que sí han atraído la atención de historiadores, sociólogos y comunicadores. Con el objeto de participar en el abordaje de la matanza de Iguala se escriben las siguientes líneas, que, cabe esperar, ayuden a esclarecer el rol tan destacado del pueblo guerrerense en las luchas sociales contemporáneas de México.
La caída del gobernador Raúl Caballero Aburto, en enero de 1961, imbuyó de una gran seguridad al pueblo del estado de Guerrero y a su organización más representativa: la Asociación Cívica Guerrerense, bajo el liderazgo de Genaro Vázquez Rojas. De inmediato se produjeron la excarcelación de presos políticos y sociales, la destitución de presidentes municipales antidemocráticos, la elección de autoridades municipales populares y la constitución de comités ciudadanos. La efervescencia política era generalizada.

Disminuida la agitación, el gobernador sustituto, licenciado Arturo Martínez Adame, hizo todo lo posible por retomar el control de los ayuntamientos en manos de fuerzas no oficiales. En marzo de 1963 exponía en su Informe de gobierno que se había visto obligado a sustituir a 36 ayuntamientos por otros tantos concejos municipales que actuaron hasta el 31 de diciembre del año anterior. (1)

En 1962 se elegirían el gobernador del estado, diputados locales y presidentes municipales. Para afrontar la nueva coyuntura, la ACG adoptó las medidas necesarias. En agosto de ese año se verificó el Congreso Estatal de la Asociación Cívica Guerrerense, que eligió como candidato a gobernador al licenciado José María Suárez Téllez, de amplia trayectoria en la izquierda mexicana y participante activo en las luchas agrarias y políticas democráticas. Fueron elegidos, asimismo, los candidatos a otros puestos de elección popular. (2)

La ACG desarrolló una masiva campaña electoral en toda la geografía de la entidad suriana, enarbolando como programa el respeto absoluto a la ley (cosa muy importante en Guerrero, donde los atropellos y los asesinatos eran pan de cada día); derogación de leyes y disposiciones que lesionaban los intereses de los campesinos; cancelación de las concesiones madereras que habían permitido el rápido enriquecimiento de grandes empresarios, en detrimento de la economía regional, entre ellas la de Melchor Ortega, dirigente del Frente Cívico Mexicano de Afirmación Revolucionaria, la de Arturo San Román, la de la Guerrero Land Co., S. A., y otras semejantes, que abarcaban cientos de miles de hectáreas de ricas zonas boscosas; liquidación de los latifundios y repartición de tierras a los muchos campesinos que carecían de ellas; reforma de los códigos y de la Constitución; apoyo al Artículo 3º constitucional (bajo embate de la derecha); vigencia de las libertades democráticas, y respeto a la autonomía del municipio. (3)

El 12 de septiembre la ACG celebró un gran mitin en Iguala, con la intervención de José María Suárez Téllez, Genaro Vázquez Rojas, Blas Vergara Aguilar y Jesús Muñoz Leyva, de la Federación de Estudiantes de Guerrero. En sus discursos, los oradores plantearon la necesidad de la consolidación del municipio libre, de la liquidación de los cacicazgos y latifundios, de la nacionalización de las explotaciones forestales y del apoyo a los libros de texto gratuitos, que eran combatidos por el gran capital y los partidos y grupos de la reacción.

Por esas fechas aparecieron en diarios y revistas notas, artículos y reportajes acerca de la situación en la entidad sureña, que informaban de las condiciones en que vivían más de 150 mil indígenas no incorporados a la vida activa en el estado, la inexistencia de una sola presa en funcionamiento, el analfabetismo masivo, los altos índices de criminalidad, la incomunicación y la carencia de caminos vecinales. (4) Eran criticados y denunciados el caciquismo, la antidemocracia y la pobreza.

El Partido Revolucionario Institucional lanzó, en septiembre de 1962, a Raymundo Abarca Alarcón como su candidato a la gubernatura del estado de Guerrero, por lo cual con justeza señalaba la revista Política que en vez de ser sometido a proceso por sus múltiples responsabilidades, Caballero Aburto fue nombrado agregado militar en Centroamérica, con sueldo principesco. Y con el doctor Raymundo Abarca Alarcón, la plana mayor del aburtismo volvía al gobierno. En Iguala se postulaba para la presidencia municipal a Faustino Rivero, síndico del ayuntamiento aburtista derrocado por el pueblo en 1959. La influencia del licenciado Donato Miranda Fonseca impulsaba a Abarca y sostenía tragicómicos señoríos como el ya legendario del pintoresco Alfredo López Cisneros, el Rey Lopitos, en el barrio acapulqueño de La Laja. (5)

Las elecciones se desarrollaron conforme a los procedimientos habituales en el México de los años 60: coacción oficial sobre los votantes, robo de urnas, electores inexistentes y control oficial del proceso electoral, además de desatarse una intensa y amplia represión sobre la ACG.

José María Suárez Téllez fue detenido por varias horas el 4 de diciembre, en compañía de algunos de sus correligionarios. La aprehensión la efectuaron agentes de la policía judicial de Guerrero, y para justificarla, las autoridades dieron una peregrina explicación: que no habían sido detenidos, sino “presentados”.

En los días siguientes continuaron las detenciones en diferentes poblaciones del estado. Efectivos del ejército impidieron actos de protesta contra el fraude electoral y de manera inconstitucional arrestaron a decenas de miembros de la ACG, especialmente en la región de la Costa Grande. (6)

El 29 de diciembre de 1962, un diario informaba que había recibido un llamado telefónico desde la ciudad de Iguala del profesor Genaro Vázquez Rojas, presidente de la ACG, quien denunció que elementos del ejército habían tomado y ocupado los edificios de los ayuntamientos de ese lugar, Teloloapan y otros.

Vázquez Rojas añadió que por este motivo envió un telegrama de protesta al presidente Adolfo López Mateos, ya que con ello se quebrantaba el orden constitucional y era una provocación. En la misma nota, planteaba un boletín de la ACG, que continuaba en pie de lucha el pueblo de Guerrero defendiendo los principios de respeto irrestricto del voto ciudadano, de reforma agraria integral y de democracia sindical. (7)

Se desencadenó la tragedia. El 30 de diciembre de 1962, por la tarde, comenzaron a reunirse ante el palacio municipal de Iguala ciudadanos convocados por la ACG para rendir homenaje a las 13 personas muertas en Chilpancingo durante la lucha contra el general Raúl Caballero Aburto.

Reinaba perfecto orden cuando, a las 15:30 horas, se presentó en el lugar el licenciado José Bello y Bello, Procurador de Justicia de Guerrero, tratando de disolver la reunión con toda clase de amenazas.

A las 23:30 miembros del ejército y de la policía judicial rodearon a los ahí congregados, que ya sumaban más de tres mil. Tendido el cerco, se aproximó Victórico López Figueroa esgrimiendo una pistola y retando a un duelo a muerte al líder popular Genaro Vázquez Rojas. Al no encontrar respuesta, hizo disparos al aire: la señal para que comenzara la matanza. (8) La sangre regó el suelo igualteco.

Como resultado de la represión armada resultaron siete muertos, 23 heridos y 280 detenidos, aunque existen diferencias sobre las cifras en diversos protagonistas y autores. Las detenciones continuaron los días siguientes, permaneciendo sujetos a proceso Israel H. Salmerón, José María Suárez Téllez y otros 24 miembros de la Asociación Cívica Guerrerense, acusados de disparos de armas de fuego, sedición, lesiones y homicidio.

Israel H. Salmerón, presidente del Concejo Municipal de Iguala, entregó las riendas del municipio al nuevo ayuntamiento el día 1 de enero, en una ceremonia a la que asistió Raymundo Abarca Alarcón –originario de este lugar–, pero aproximadamente a las 15 horas de ese día fue detenido, siendo sometido a torturas y desaparecido varios días. Posteriormente, fue acusado de malversación de fondos.

El paradero de Genaro Vázquez, jefe principal de los cívicos, se desconocía a principios de 1963 y era buscado afanosamente por agentes judiciales estatales y federales. La red popular que rodeaba al movimiento cívico, impidió la detención y posible asesinato de Genaro. Las tropas ocuparon el edificio del ayuntamiento. (9) Las libertades constitucionales, de hecho, fueron suprimidas. La policía y las fuerzas armadas actuaban por la libre.

La represión, que instauró la política priísta de desaparecer opositores, se desenvolvió entre el 27 de diciembre de 1962 y los primeros días de enero de 1963 con cívicos asesinados, heridos, golpeados y detenidos, viviendas allanadas, asaltos a oficinas públicas y otros actos violentos en Ometepec, San Luis Acatlán, La Unión, Zihuatanejo, Petatlán, Atoyac, Coyuca de Benítez, Arcelia, Tlapehuala y otras poblaciones.

Después de permanecer secuestrados por la policía durante más de tres semanas, el 25 de enero fueron declarados formalmente presos 26 destacados militantes de la Asociación Cívica Guerrerense, entre ellos el licenciado José María Suárez Téllez, candidato de la ACG a la gubernatura de Guerrero, Andrés López Velasco, candidato a la presidencia municipal, y Carlos Orduño Mejía, candidato a diputado suplente local. (10)

En los primeros días de 1963, informes de Guerrero indicaban que decenas de personas habían sido acribilladas a tiros por la policía judicial y el ejército, sin que pudiera precisarse el número de caídos. Otras muchas habían desaparecido; centenares se encontraban apiñadas en las cárceles; vastas regiones se hallaban de hecho en estado de sitio, con las garantías constitucionales suspendidas; los cateos y asaltos nocturnos eran cosa cotidiana, se impedía la formación de grupos de más de tres personas, y no pocos guerrerenses habían tenido que refugiarse en las montañas.

De cara a la difícil situación creada en el estado de Guerrero, el liderato cívico comunicaba el 12 de enero de 1963: “La ACG tiene ante sí problemas graves planteados por la imposición brutal que el gobierno ha realizado contra la voluntad mayoritaria del pueblo guerrerense, en las pasadas elecciones para ayuntamientos, diputados y gubernatura del estado; es reciente la sangrienta represión y masacre de Iguala, que el pueblo no dejará impune, pues exige el castigo de los responsables; tal situación ha hecho que la ACG estrechara sus filas alrededor de su dirección estatal, que se proponga continuar la lucha por la democratización del estado, por la libertad de los presos políticos, contra la imposición y el caciquismo, por el cese de la represión…”(11)

Pese a la matanza de Iguala, la dirigencia cívica y Genaro Vázquez Rojas persistirían en su lucha dentro de los marcos de la Constitución General de la República y en unidad de acción con otras fuerzas democráticas del espectro político mexicano. Esto explica, parcialmente, la participación de la ACG en los procesos fundacionales de la Central Campesina Independiente y del Frente Electoral del Pueblo, así como su alianza con el Movimiento de Liberación Nacional. Otros acontecimientos posteriores en Guerrero, México, América Latina y el Tercer Mundo, así como la influencia de ideas en boga a la sazón, abrirían cauce a la experiencia guerrillera, pero eso ya no es materia de estas líneas.

Notas

(1)Informe de gobierno del Lic. Arturo Martínez Adame, Gobernador Sustituto del Estado de Guerrero, 1º de marzo de 1963, fotocopia.

(2) Apunta un estudioso: “Para las elecciones de gobierno de 1962, los cívicos deciden participar en forma independiente. Al hacerse una reunión en el barrio de San Mateo, en Chilpancingo, le pidieron al Lic. José Ma. Suárez Téllez que fuera candidato y aceptó; a diputados, los cívicos lanzan en Costa Chica al profesor Mario Morán Soto, en Costa Grande al profesor Antonio Sotelo Pérez, en Iguala a Isaías Duarte y Carlos Orduña Mejía, en Aldama Blas Vergara Aguilar y Simón Téllez”. (Andrés Rubio Zaldívar, El movimiento social guerrerense y la lucha armada de Genaro Vázquez Rojas, México, EPMAT – Conv. Dem. Univ. – Per. Pueblo, 1994, p. 22).

(3) Política, a. III, núm. 59, 1-X-62, p. 27.

(4) Véase El Día, 7-IX-62, p. 2.

(5) Política, a. III, núm. 63, 1-XII-62, p. 33.

(6) Política, a. III, núm. 65, 1-I-63, p. 22.

(7) El Día, 29-XII-62, p. 2.

(8) Política, núm. 66, 15-I-63, p. 16.

(9) El Día, 4-I-63, p. 2.

(10) Política, núm. 67, 1-II-63, p. 7.

(11) Política, núm. 66, 15-I-63, p. 12.

Tomado de: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=188844


Ayotzinapa y la militarización de México

Rafael de la Garza Talavera (Rebelión)

Las movilizaciones estudiantiles en Latinoamérica han sacudido a la opinión pública y han logrado visibilizar la problemática provocada por la privatización de la educación. En Chile y Colombia, el movimiento estudiantil ha cobrado fuerza y simpatía de cara a la población al grado de que Camila Vallejo supera al presidente chileno en popularidad y en Colombia los jóvenes lograron desarticular una propuesta de reforma educativa promovida por el presidente Santos con la intención de iniciar poco a poco la privatización de la enseñanza.
En este contexto, las movilizaciones de los estudiantes de la escuela normal rural de Ayotzinapa, en el estado de Guerrero, se inscriben plenamente en esta ola de protestas, provocando una reacción violenta por parte de las autoridades locales y federales que dejó un saldo trágico y que demostró, una vez más, que la militarización del país ha generado un clima de represión y satanización de los movimientos sociales.

Las normales rurales en México son la herencia del proyecto cardenista de educación rural y poseen una serie de características que las colocan en una situación vulnerable frente a los embates del estado; su composición social, su dinámica educativa y la activa participación política de sus estudiantes definen a las escuelas normales rurales como un proyecto educativo democrático comprometido con las causas populares y crítico de la educación individualista y orientada al lucro. Democrático porque las decisiones importantes al interior de los planteles –definición de planes de estudio, contratación de profesores y gobierno interno- son tomadas directamente por la asamblea estudiantil; participativo porque además de participar en la administración y gobierno interno de los planteles, apoyan las causas populares, asumiendo una deuda con la sociedad y sus comunidades de origen.

El clima de intolerancia y soluciones de fuerza provocados por la militarización en México son claramente una de las causas del conflicto, y las fuerzas policiacas orientadas a la lucha contra el narcotráfico son utilizadas indistintamente para combatir a la delincuencia organizada y reprimir a los movimientos sociales. Los estudiantes normalistas han denunciado la desaparición de varios de sus compañeros y el cerco que mantienen fuerzas militares en la escuela normal con la intención de desalojarla. Parece que aprovechando las circunstancias las autoridades locales y nacionales pretenden cerrarla definitivamente, continuando con la ofensiva contra todo el sistema de normales rurales en el país.

Las demandas principales de los estudiantes normalistas que bloquearon la carretera en Chilpancingo son: ampliación de la matrícula, profesores de carrera o aumento de la plantilla de profesores y audiencia con Ángel Aguirre, gobernador del estado de Guerrero. Las dos primeras resumen claramente las necesidades más urgentes para los estudiantes. Por un lado y frente a la paulatina desaparición de las normales rurales en México (llegaron a ser 36 y hoy sólo funcionan 16) llevada a cabo por las autoridades educativas, las posibilidades de que los hijos de los campesinos puedan tener acceso a la educación media y superior se han reducido brutalmente. Es por ello que los estudiantes normalistas exijan ampliar la cantidad de estudiantes matriculados. Por el otro, la demanda de ofrecer mejores condiciones laborales para los profesores o de ampliar su número aparece como un antídoto a la estrategia gubernamental de asfixiar a las normales rurales contratando profesores por horas y sobrecargándolos de trabajo.

Dada la naturaleza de las demandas, la reacción de las autoridades estatales resulta a todas luces desproporcionada y muy sintomática de la manera en que los gobiernos pretenden resolver las demandas sociales. En lugar de privilegiar el diálogo y la negociación a partir del reconocimiento de los derechos, el gobernador y sus representantes optaron por la represión y la mentira, echando mano de fuerzas policiales dedicadas al combate al narcotráfico. La renuncia de algunos de sus colaboradores -después de haber intentado a través de los medios de comunicación de responsabilizar a los estudiantes por los hechos- no pretende cambiar la dinámica represiva sino salvar la cabeza del gobernador, que de haber hecho su trabajo recibiendo en audiencia a los representantes estudiantiles no estaría ahora en el centro del huracán.

La muerte de Jorge Alexis Herrera Pino, Gabriel Echeverría de Jesús y Édgar David Espíritu es entonces responsabilidad exclusiva del gobernador Aguirre quien, a pesar de contar con el apoyo del gobierno federal y de fracciones de la ‘izquierda’ partidista, tendrá que hacer frente a las movilizaciones estudiantiles que seguramente se radicalizarán y cobrarán un nuevo impulso. Los estudiantes normalistas cuentan con una larga tradición de lucha por lo que no se van a replegar fácilmente. A las demandas originales se habrán de agregar la detención de los responsables de los asesinatos y el esclarecimiento de los hechos. Así, un conflicto que defendía intereses predominantemente estudiantiles se ha convertido, gracias a la torpeza y soberbia gubernamental, en un conflicto político que puede detonar protestas en otros lugares del país. La militarización en México está empezando a rendir sus frutos podridos.

Blog del autor: http://www.ladignavoz.org

Tomado de: http://www.rebelion.org/noticia.php?id=141494

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