No tienen grandes bibliotecas… pero son críticos e incómodos

Paco Ignacio Taibo II, novelista, ensayista, periodista ampliamente conocido, describió -en el programa de noticias de Carmen Aristegui, que se transmite en NoticiasMVS, esta mañana- la situación de los estudiantes normalistas de Ayotzinapa, 43 de los cuales se encuentran desaparecidos a manos de policías municipales asociados a grupos delictivos en el municipio de Iguala, Guerrero.

Señaló que desde mucho tiempo atrás, los ideólogos del neoliberalismo en el poder político y empresarial se refieren a ellos como “¡estos revoltosos estudiantes campesinos, buenos para nada!”, apuntando siempre a destruir el proyecto cardenista que llevó la educación socialista a las zonas rurales como una alternativa, para que los hijos de las familias más pobres del país, campesinas e indígenas, pudieran formarse como maestros con una ética marcadamente social.

Paco Ignacio Taibo II explicó:

” (…) Viven bajo un continuo recorte presupuestal. 10 pesos para comer. Agua fría para bañarte en las mañanas. No tener cómo lavar tu ropa. O sea… ¡bibliotecas inexistentes! Esta especie de voluntad de sacrificar y destruir las normales rurales y el clima que se había creado en torno a ellos. (…)”.

De la biblioteca pública municipal de Ayotzinapa, como seguramente de miles otras en la República, CONACULTA da una dirección postal y poco más. Ni número de volúmenes, ni número de lugares de lectura, ni número de computadoras.

Algunos párrafos le dedica la profesora Erika Susana Espíritu Miranda, responsable del Nivel Normal en la Coordinación Estatal del Programa Nacional de Lectura, de la Subsecretaría de Educación Básica, de la Secretaría de Educación del Estado de Guerrero, a la propia biblioteca escolar normalista, en el documento en línea titulado: “El comité de biblioteca escolar como organismo gestor de acciones lectoras”.

Cito la parte relativa a la biblioteca escolar de la Escuela Normal:

“No es casualidad que tras recorrer las instituciones normales de tres regiones geográficas del estado de Guerrero, encontrara diferencias muy marcadas en ellas. ¿Qué sucede con las instituciones de la región Norte, por ejemplo? En ellas encontré que las dos normales existentes cuentan con personal exprofeso para la realización de actividades de promoción lectora, además del personal bibliotecario; a diferencia de la región Centro, en donde el trabajo de los maestros bibliotecarios está centrado en la administración de libros en tanto que la administración de ocasiones lectoras es inexistente. ¿Será cuestión de vocación?, ¿de oportunidades de ser?, ¿se tratará acaso de un asunto cultural?, ¿tendrá su origen en las oportunidades laborales?, ¿hará falta dar atención más personalizada en estas instituciones?.

“Todas estas preguntas surgieron en mi cuando recorría, de los caminos calurosos para llegar de la Normal Regional de Arcelia en la Tierra caliente a los caminos aun verdosos y frescos que envuelven a la “escuela perdida y sin solución”, llamada así por los mismos maestros de la normal, la Normal de Ayotzinapa, Escuela que más tarde propuse y decidimos con la coordinadora estatal que fuera la institución piloto.

“Para descansar de este recorrido decidimos sentarnos bajo la sombra de la biblioteca escolar de la normal de Ayotzinapa. ¡Qué belleza, cuánta cultura guardada! Sin lugar a dudas, una biblioteca muy completa. Sólo por citar un dato; les diré que cuenta con una pequeña biblioteca del que fuera fundador de esa Normal (fundada en los terrenos y edificio de lo que antiguamente fuera una hacienda), el Profesor Raúl Isidro Burgos, hasta bibliografía de las corrientes filosóficas materialistas e idealistas y obras de grandes pedagogos que han revolucionado la educación y la sociedad en el mundo, los libros coloridos que el PNL distribuye, además de las bibliotecas del Normalista y de Actualización del Magisterio. Una situación llamó mi atención… Tras el mostrador, intactos, nuevos, sin una mancha, sin una hoja doblada, sin uso, muchos de los libros que he citado. Cuatro administradores de libros, sólo administradores de libros…”.

“El testimonio de la experiencia que voy a describir en las siguientes páginas, se centra en la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” de Ayotzinapa, ubicada en la Cd. de Tixtla de Guerrero, Gro. a sólo 14 Km. de la Capital del Estado, sobre la carretera nacional Chilpancingo-Tlapa de Comonfort y, como ya he citado, es la escuela piloto en el nivel de normales en el estado de Guerrero.

“La Normal de Ayotzinapa, conocida así por todos, es una institución educativa que a sus 82 años de formar maestros rurales para nuestro Estado y para nuestro país, ha dado origen a miles de maestros para el nivel y modalidad de primarias rurales y próximamente formará, también maestros para la modalidad de primaria indígena. Tiene la característica de ser un internado para varones, jóvenes que se declaran revolucionarios y luchadores sociales que muy frecuentemente son vistos por la sociedad y el gobierno, sólo en ese sentido y que por sus acciones y métodos de lucha, se han ganado esa reputación. Hace falta adentrarse en el mundo de la normal para descubrir que encontramos en ella, a jóvenes deseosos de ser escuchados, de ser comprendidos, de ser tomados en cuenta, jóvenes inteligentes, ávidos de conocimientos y de reconocimiento, con un alto sentido de unidad y de apoyo. ¿Carencias…? Sí, muchas; que van desde el concepto mismo del gobierno, de la sociedad y de algunos docentes, de que es una escuela desahuciada, con suspensiones continuas de labores, por paros, festividades, conflictos sindicales, hasta el señalado bajo nivel de aprovechamiento de los alumnos. Y fueron precisamente esas carencias, las que me retaron a comprometerme con el acompañamiento a esa institución, porque, me pregunto ¿qué haría como asesora de una escuela en donde no son necesarias mis participaciones para formar lectores?, o mejor dicho ¿Qué haría como asesora acompañante en donde la lectura y escritura ya forman parte de la vida escolar como en las normales de la región norte de nuestro estado, en donde el maestro bibliotecario contribuye a formar esos lectores y escritores soñados?

“El reto fue ambicioso, entrar a la Normal de Ayotzinapa y proponer un trabajo de formación de lectores y escritores, parecía más una utopía. Debo remarcar que esta escuela está conformada por dos fuerzas (la estudiantil y la docente) que frecuentemente chocan al tratar la problemática educativa existente. Y me refiero a dos fuerzas textualmente hablando, en las que predomina el autogobierno del alumnado (característica particular de esta normal) quienes son los que determinan los tiempos educativos, gestionan sus requerimientos, y realizan sus actividades sociales y culturales, en tanto que parte de la otra fuerza asume su papel de docentes e intentan entender a los alumnos y darle continuidad a los planes de estudio, mientras otros permanecen sólo a la expectativa.”

Hasta aquí las líneas que hacen pensar en la importancia de la lectura en la vida de estos estudiantes normalistas, al menos desde 2008, si nos atenemos a lo descrito por la maestra Espíritu, año en que se elaboró el reporte citado.

A propósito de bibliotecas inexistentes, viene a la mente el costo fabuloso de la Megabiblioteca José Vasconcelos, de la ciudad de México, que rondó los $2,300 millones de pesos (algunas fuentes refieren un costo menor, pero aún de 1,600 millones de pesos) y que ha requerido múltiples adecuaciones y reparaciones tras ser inaugurada. En julio pasado, Excelsior publicó de la megabiblioteca Vasconcelos, en una nota de Luis Carlos Sánchez, estas fotos de sus goteras:

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Vienen a la memoria las colegiaturas que pagan las familias más acomodadas de México para sus hijos en instituciones de educación superior como el ITESM, la Ibero, el ITAM o la Anáhuac: desde $140 mil pesos, hasta $193 mil pesos al año, sólo de colegiatura. Si las carreras de licenciatura tienen una duración promedio de cuatro años, graduarse de alguna de estas instituciones representa un costo de entre 560 mil y 772 mil pesos. Sin contar con los posgrados.

Vienen a la memoria, al escuchar esas palabras, los detalles de la vida de derroche de la ex-lideresa del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo, aliada política visible del poder ejecutivo, al menos en los últimos tres o cuatro sexenios anteriores a éste.

Vienen a la mente también las multimillonarias pensiones vitalicias y seguros que reciben puntualmente los ex-presidentes y sus familias.

Vienen a la memoria los $150,326 millones de pesos que ejercieron en 2014, y los $164 mil millones de pesos que les destinará en 2015 la federación, para las Secretarías de Marina y Defensa Nacional, el Consejo de la Judicatura y la PGR, mismas dependencias que han sido incapaces de dar a casi un mes de la masacre, con el paradero de los estudiantes desaparecidos.

Un detalle. Para la Unidad Especializada de Búsqueda de Personas Desaparecidas, por cierto, la PGR sólo pretende asignar en 2015, 14 millones 676,268 pesos, es decir para hacer algo para localizar a decenas de miles de personas desaparecidas -se habla de al menos 20,000 personas– que reporta aquí y allá nuestra sociedad.

Uno imagina lo poco que puede hacerse en un año con 750 pesos para localizar a cada persona, suponiendo que ese dinero se destinara de manera equivalente para cada una de ellas.

Tal vez por eso crece el clamor de que todos somos Ayotzinapa.

Todo esta situación de abandono, desamparo, desigualdad, injusticia y desatención presupuestal escandaliza sobremanera, cuando, por contraste, es público que una sola persona, Basilio González, el presidente de la Comisión Nacional del Salario Mínimo -vaya eufemismo- gana 173 mil pesos mensuales, más de ochenta veces el salario mínimo. Con tales privilegios ¡bien que se puede mandar a estudiar a un hijo a una buena escuela!

La escuela de Ayotzinapa, que se desenvuelve en tan precarias condiciones, como las describe el periodista, declara como Visión:

“Somos una institución de educación superior con modalidad de internado de reconocido prestigio estatal y nacional, constituida en una comunidad de aprendizaje, con liderazgo ético y profesional. Preparados para lograr la excelencia académica que contribuya a la formación de licenciados en educación, que satisfagan las necesidades educativas de la sociedad”.

Y en su Misión se lee:

“Formar licenciados capaces de enfrentar los retos que representa una educación de calidad para los mexicanos, contribuyendo al desarrollo integral del futuro docente, para que ejerza plenamente sus capacidades humanas y profesionales en la Educación a través de todos los actores de manera ética y responsable”.

En los murales de la escuela puede verse una imagen estremecedora, que representa así al Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE).

El desfiguro.

Y tras la violenta desaparición y posible asesinato evidentemente político de los 43 estudiantes normalistas -conocedores de las tesis filosóficas y económicas de Carlos Marx y Federico Engels, Lenin, Mao entre otros- el desfiguro de un Estado neoliberal incapaz de hallar a los estudiantes, ni a los señalados como culpables, y sobre el cual, Elena Poniatowska ha expresado recientemente esta pregunta:

“¿Cuál es el futuro en un país donde el Estado mata a sus estudiantes?”

En 2013, la revista Contralínea dio a conocer en Youtube, un documental de 10 minutos sobre el tema de las Escuelas Normales Rurales, donde se menciona a la Escuela Normal Rural de Ayotzinapa.

El día 23 de octubre de 2014, jóvenes de la UNAM y estudiantes normalistas de Ayotzinapa difundieron un mensaje de algunos minutos a través de TV UNAM: dicho mensaje ha sido reproducido íntegramente por el sitio: Red Política.

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