Cada uno de nuestros días es como una página. Nuestro hablar y actuar es la portada. Según es nuestro proyecto de vida, ahí está el índice. Libros andantes y parlantes, y cuyo autor somos nosotros mismos, y también los otros. Nuestros amigos y maestros. Nuestros padres. Pero sobre todo nosotros mismos. Libros de sangre y de luces y sombras mezcladas. Libros siendo escritos a cada momento ¿más de qué están llenas -o vacías- estas páginas? Conocernos mutuamente es leernos. Comprendernos. Pero antes de poder ser realmente libres, debemos asumir que somos para nosotros mismos y para otros, como libros.

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